¿Quiénes Somos?
Somos Escuela de Español Libélula (ESELI), un esfuerzo de jóvenes salvadoreños que obedecen la misión de enseñar español como un recurso activo de identidad y cultura, y una visión que busca fortalecer identidades y acercar personas de diferentes culturas a través de la enseñanza del idioma español como lengua extranjera.
Misión
Enseñar español a extranjeros como un recurso activo de identidad y cultura.
Visión
Acercar culturas y fortalecer identidades a través de la enseñanza de español como lengua extranjera.
Valores
- Enseñanza de calidad
- Inmersión y conciencia cultural
- Respeto a la diversidad
- Fortalecimiento de identidades
- Personalización
- Compromiso con los estudiantes
¿Por qué nuestro nombre es Libélula?
La palabra libélula viene del latín libellula, que a su vez es el diminutivo de libella que significa “balanza”, término que hace referencia a la capacidad del insecto para mantenerse equilibrado en el aire. Es por eso que su significado es poderoso e implica conceptos como: Transformación, cambios para resurgir, fuerza y equilibrio. Las libélulas siempre están en lagos y ríos y su vuelo sobre el agua representa los aspectos que están más allá de la superficie.
Esta es una razón muy importante para portar el nombre como escuela, ya que el lugar donde nacimos, Suchitoto, ha sido un pueblo que se adapta al cambio. Antes de la construcción del embalse del Cerrón Grande, posteriormente llamado “Lago Suchitlán”, Suchitoto era conocido como un lugar de comercio. Además, poseía tierras muy fértiles y sus pobladores se dedicaban mayormente a la agricultura.
Suchitoto era un lugar que servía de conexión entre distintos departamentos clave para el comercio y entre diferentes países que concurrían la ciudad como un movimiento económico social que desapareció con la construcción del embalse y lo dejó aislado.
“Cuando el agua subía, inundando sembrados y caminos, pensamos que a cambio de aquella infinita tristeza surgiría un futuro promisorio que dinamizara nuestra región. Un lago nuevo era una esperanza, la imaginación creó entonces paraísos y trazó carreteras escénicas, playas con arboladas, parques, malecones iluminados, restaurantes, quioscos para conciertos, piscinas entre jardines, pistas de baile y hasta un ferry”, escribió el cineasta Alejandro Cotto, referente histórico de la ciudad e hijo meritísimo de El Salvador y Suchitoto. Todo esto se soñó con el lago.
Suchitoto era un lugar que servía de conexión entre distintos departamentos clave para el comercio y entre diferentes países que concurrían la ciudad como un movimiento económico social que desapareció con la construcción del embalse y lo dejó aislado.
Y así fue como la historia de Suchitoto dio un giro radical en su sistema de vida y abrió una nueva ventana hacia el turismo, por lo que en 1973 se tomó a bien escribir los aspectos socioeconómicos y culturales del proyecto turístico que haría resurgir a Suchitoto del aislamiento y su recesión económica, dándole al proyecto un nombre muy acertado: “El Año del Cambio”.